• José Bazalar Calderón

Amanecidas contables

Hace unos días navegando por Instagram apareció esta imagen donde se aprecia entre los edificios, la luz prendida en una de las oficinas, inmediatamente trajo a mi memoria recuerdos de tantas veces haber laborado, hasta altas horas de la noche, horas dedicadas a sacar un balance, poner al día un trabajo o preparando un informe para una reunión de directorio.



Y ahora ya pasado muchos años de aquellas jornadas, surge la reflexión.. ¿Valió la pena el esfuerzo?


Para dar respuesta es necesario precisar tres momentos, donde cada etapa, muestra el proceso de evolución que cualquier profesional desarrolla y estos son: tiempos de estudiante (pre-grado), tiempo de desarrollo profesional y tiempo de mentoría.


Tiempo de estudiante

En esta etapa definitivamente todo esfuerzo que permita ir ganando conocimiento y experiencia vale la pena, son tiempos donde uno tiene que ser una esponja y tratar de absorber todo lo posible, además, porque es una etapa donde estas con toda la potencia de la juventud, vasta unas horas de sueño profundo y estás recuperado, cuando despiertas sientes la satisfacción del esfuerzo realizado.

Sea que te desarrolles en el área de tu carrera o no, de cada situación nueva que se presente, aprendes. En mi caso estudie y trabaje a la vez, siempre me preocupe de laborar en aquello que era mi área profesional, lo cual me permitió aplicar inmediatamente lo aprendido en el aula, eso valió, que al culminar de estudiar la universidad ya tenía conocimiento puesto a prueba y con años de experiencia, desde una labor de auxiliar de oficina, auxiliar contable, asistente contable, asistente de auditoria, asistente de costos e inmediatamente salido de las aulas, ir por mi titulación y pasar al ejercicio profesional.


Tiempo de desarrollo profesional

Esta es una etapa dura donde además de aplicar tus conocimientos y experiencia, implica una enorme cuota de responsabilidad, llevas sobre tus hombros el peso de tu productividad y la de aquellos a quienes diriges.

Aquí reportas a una gerencia general, directorio y debes mostrar de que estas hecho y de lo que puedes ser capaz.

Por consiguiente las horas de trabajo aquí, ya no es que dependen de cumplir bien con la tarea encomendada como cuando eras parte del equipo, sino aquí tu eres el líder y debes formar un equipo de trabajo que sienta que le estas dando conocimientos y experiencia para su desarrollo profesional y también se sienta comprometido con los objetivos planteados como departamento contable, de gerencia de finanzas, tesorería o presupuestos como fue mi caso.


Tiempo de mentoría

Este es el momento donde uno siente que ha evolucionado y como es mi caso, me siento reconfortado ayudando a los que vienen atrás.

Si bien esta labor de mentoría la ejercí con mis asistentes desde que asumí la dirección de mi primer departamento contable, fue desarrollándose a plenitud cuando empecé a dictar clases a alumnos de pre-grado, aquí la responsabilidad es distinta a cuando fui jefe o gerente, sientes de cerca un compromiso y satisfacción de formar a jóvenes en todos los avatares de la profesión, para que ellos, alcancen de la mejor manera el conocimiento y experiencia que adquirí a lo largo de los años.


Finalmente, ¿valió la pena el esfuerzo? por supuesto que SÍ.

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